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Kaes, Antón, From
Hitler to Heimat. The return of History as Film
[De
Hitler a Heimat.
El
regreso de la historia como film],
(1989) Harvard University Press, 1992.
Cap. 7. Epilogue: "History, Memory, and Film" [Epílogo: Historia,
Memoria y Film] |
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[Epígrafe de la foto de tapa del capítulo]
"El proceso de expropiación más radical que existe,
es la expropiación de la propia historia" (Edgar
Reiz). -Dieter Schaad en Heimat.
"Yo estoy llamado por el pensamiento
de que un día el Holocausto va a ser medido y juzgado
en parte relacionando su nombre con una producción
de televisión de la NBC"
ELIE WIESEL
"En el medio de todo esto, por
supuesto, está Hitler"
"Él estuvo de nuevo la noche
pasada"
"Él está siempre. No podríamos
tener televisión sin él"
DON DeLILLO
"Son más las personas que revivieron
la guerra que las que han peleado en ella," alardeaba
la ABC desde un aviso en el periódico en febrero de
1983, cuando su miniserie de dieciocho horas The Winds
of the War [Los vientos de la guerra] casi alcanza
al éxito de público de 1979, Roots [Raíces] y se presenta
como uno de los programas más vistos en la historia
de la televisión
[1] . Ciento cuarenta millones de americanos
"revivieron" la segunda guerra mundial cuando
fue presentada en televisión con un costo de cuarenta
millones de dólares (us$ 25 fueron gastados en la
promoción de la miniserie) De acuerdo con las proyecciones
de la ABC, The Winds of the War, llegó virtualmente
a la cada americano de doce años o mayor. Para atraer
a los espectadores no familiarizados con los eventos
de la segunda guerra mundial, se repartieron medio
millón de copias de una revista de 24 páginas a color
(con imágenes de la serie) que fueron enviadas a escuelas,
bibliotecas, y grupos de interés específicos, para
introducirlos al período y crean una expectativa sobre
el espectáculo televisivo. Aunque esta adaptación
de la novela de Herman Wouk, The Winds of the War
está llena de clichés de Hollywood tomados de las
películas de aventura y guerra, las historias de amor
y las épicas históricas, y cuenta con la presencia
de estrellas tan conocidas como Robert Mitchum y Ali
McGraw, la serie nunca deja de mantener la ilusión
de proveer un relato real y una descripción auténtica
de los eventos pasados. Las imágenes de esta versión
fílmica llegaron simultáneamente a 140 millones de
personas, muchas de las cuales obtuvieron sus primeras
impresiones de la historia de Alemania y de la segunda
guerra mundial de esa serie.
De la misma manera, millones de europeos
"han experimentado" la guerra de Vietnam
a través de la lente de Francis Ford Coppola en su
película de 1979 Apocalypse Now o The Deer
Hunter de Michael Cimino de 1978. Esas películas
no nos muestran imágenes aisladas o accidentales y
eventos contingentes, sino que hay una selección,
una narración y de este modo dan forma al desordenado
material histórico; ellas escribían historia al "darle
sentido a lo que no tiene sentido." [2] Varios esquemas narrativos, a menudo
tomados de la literatura o los mitos "Apocalypse
Now, por ejemplo sigue la novela de Joseph Conrad
El Corazón de las tinieblas de (1899) "
estructuran los hechos y los trasladan a un relato
con un comienzo, un medio y un final. Estos filmes
interpretan la historia nacional para el público en
general y de este modo producen, organizan y homogeneizan
la memoria pública. Junto con los historiadores profesionales
y la escuela, los medios masivos se han convertido
en los más efectivos (y menos reconocidos) vehículos
institucionales para dar forma a una conciencia histórica.
[3] Un film puede hacer que la historia
vuelva a la vida, puede representarla más vívidamente
que los actos conmemorativos, las exhibiciones o los
museos. ¿Pero qué historia?
The Wind of War transmite ciertas
imágenes de la segunda guerra mundial a millones de
espectadores: imágenes de los heroicos y agradables
soldados americanos y sus contrapartidas Nazis militaristas,
de escenas de batallas y sacrificios privados, de
victorias merecidas y derrotas justas. Las futuras
representaciones de la segunda guerra mundial van
a ser comparada con esas imágenes de las películas
televisivas, tal como esas películas usan incontables
imágenes de las anteriores representaciones. De este
modo las imágenes de las imágenes circulan en un círculo
eterno, una cinta sin fin. Ellas se validan y reconfirman
a cada una "esparciendo rápidamente memorias
idénticas sobre la tierra." [4]
Desde que no podemos revisitar el
pasado y revivir los hechos históricos como la segunda
guerra mundial o la era de Hitler, dependemos de la
representación del pasado, ya sea a partir de la documentación
o de la reconstrucción. En este siglo la emergencia
de las películas como un medio masivo ha pasado a
ser vista como un instrumento para el registro fiel
de las personalidades y los eventos históricos; los
filmes también han tomado la tarea de mantener viva
la memoria del Tercer Reich. Sin embargo, esta es
una memoria que consiste en su mayor parte de imágenes
que en nuestros días se han convertido en tan convencionales
que han determinado cuál es la representación "correcta"
del período y cuál no lo es. Las imágenes de Hitler
o de la guerra se gravaron ellas mismas tan indeleblemente
en la conciencia pública que es difícil imaginar nuevas
imágenes. De este modo las películas históricas reemplazan
de modo creciente no sólo la experiencia histórica
sino la imaginación histórica. [5] "¿Cómo puede sobrevivir nuestra
imaginación si nuestra capacidad para la asociación
libre está constantemente sobredeterminada?"
se pregunta Peter W. Jansen en su ensayo "El
cine en su segundo barroco"
[6] , en el que compara al histórico film
épico de Bertulucci 1900 o Apocalypse Now
con una novela enciclopedista policial del siglo XVII.
Él está justificadamente preocupado porque esas "novelas
políticas de nuestras películas" van a conquistar
y ocupar la imaginación histórica de la audiencia
en vez de estimularla y liberarla.
Ya en 1946 Max Picard en su libro
Hitler in uns selbst [Hitler en nosotros mismos],
reconoce cómo la radio bien puede expropiar la experiencia
personal independiente. También fue uno de los primeros
en reflexionar sobre cómo los medios técnicos dan
forma a nuestras percepciones de la realidad histórica:
La radio no sólo reporta la historia,
parece que la realiza. El mundo parece originarse
por la radio. Las personas todavía ven las cosas y
los hechos, pero estos se vuelven reales sólo después
de que la radio los transmite y los periódicos muestran
una fotografía de los hechos. La radio percibe, registra
y juzga por la gente. Nuestras almas están inmediatamente
conectadas con la radio y no con nuestros órganos
sensitivos. Las personas ya no tienen una historia
interior, una continuidad interior, hoy la radio es
nuestra historia, ella valida nuestra existencia. [7]
Anticipándose a las subsecuentes reflexiones
sobre los medios masivos y la pérdida de la historia
de Günter Anders, Marshall McLuhan, y Jean Baudrillard
por más de una década [8] , el recelo de Picard acerca de la radio
se aplica aun más radicalmente a las películas y la
televisión. Las prolíficas imágenes que nos rodean
(y nos controlan) dondequiera, constituyen un mundo
secundario y artificial que se interpone entre nosotros
y el mundo de nuestros sentidos. "Yo recuerdo,"
dice Chris Marker en su film Sans solei, "un
enero en Tokio, o tal vez recuerde las imágenes que
filmé un enero en Tokio. Ellas han reemplazado mis
memorias, ellas son mis memorias." [9] Como una memoria tecnológica, las películas
rescatan y almacenan el pasado tan completamente que
la memoria humana ha pasado a ser superflua.
En Paris, Texas de Wim Wenders es
una vieja película casera en súper ocho la que restablece
la memoria tanto del padre como del hijo, que era
muy joven para recordar la totalidad del evento registrado.
La película casera como imagen material de la memoria
es el punto de inflexión en el film de Wenders. Ésta
funciona como una redención de la memoria: donde los
dos habían olvidado el film recuerda. De forma similar,
las películas históricas del Nuevo Cine Alemán tienen
la intención de preservar el pasado y refrescar la
memoria de los vivos. Ellas proporcionan maneras alternativas
de ver con su autorreflexión narrativa y estilo visual,
su tono autobiográfico y su forma experimental, y,
sobre todo su rechazo por parte de la mayoría de reciclar
las imágenes repetidas miles de veces y los clichés
sobre el Tercer Reich. Syberberg, Fassbinder, Kluge,
Sanders-Brahms, y Reitz quiere proporcionar en sus
películas una memoria histórica que vaya en contra
de las nociones de Hollywood de la historia alemana
"incluso bajo el riesgo de aparecer o aun convertirse
en revisionistas.
En sus comienzos el Nuevo Cine Alemán
estuvo comprometido con un proyecto crítico proporcionando
imágenes que plantearan polémicas a la amnesia existente
y a la represión del pasado; los realizadores insistían
en las cuestiones de la responsabilidad, la culpa,
y el legado de la historia en el presente. Estos proyectos
aparecieron después de mediados de los "70 cuando
la mayoría de las películas se embarcaban en la cuestión
de la identidad alemana "una pregunta que podía
suponer un regreso a las memorias de la infancia o
una exploración de los mitos alemanes. "Es difícil
enseñar historia alemana de una manera patriótica,"
dice Gabi Teicher, la profesora de historia de la
película de Kluge The Patriot, quien busca desesperadamente
una historia patriótica alemana positiva. Un nuevo
foco en las historias de vida individuales, historias
de vida cotidiana (más que historia política), un
énfasis en la memoria subjetiva, un matiz diferente
que planteaba el tratamiento de los alemanes como
víctimas, y conectado con esto, un cambio característico
desde los agresivos protagonistas masculinos hacia
los silenciosos y sufrientes personajes principales
femeninos, cuyos cuerpos violados establecieron un
emblema de la Alemania devastada "esas son algunas
de las tendencias más visibles en los recientes intentos
del Nuevo Cine Alemán por reevaluar y reapropiarse
de la historia alemana.
La memoria preservada en las películas
no desaparece, pero la masa completa de las imágenes
históricas trasmitida hoy por los medios, debilita
el vínculo entre memoria pública y experiencia personal.
El pasado está en peligro de convertirse en una colección
de imágenes rápidamente expandible, fácilmente recuperables
pero aisladas en el tiempo y el espacio, disponibles
en un eterno presente con sólo apretar el botón del
control remoto. La historia, entonces, regresa siempre
"como film. Innumerables películas de Westerns
han hecho al salvaje Oeste un mito cinematográfico.
Mientras que la era de Hitler pasa lentamente del
reino de la experiencia y la memoria personal hacia
el reino de las imágenes, ¿puede volverse de igual
forma en un mero mito cinematográfico?
[1] Ver "Wages of War. ABC Saga Storm the Ratings," en Time,
28 de Febrero de 1983. Ver
también la nota de tapa, "The $40 Millons Gamble,"
en Time, 7 de Febrero de 1983. La secuela de The Wind
of the War, War and Remembrance, tiene planeado durar
con cortes comerciales un total de 30 hs. Las primeras
doce horas fueron mostradas por la ABC en noviembre
de 1988. Con un costo de más de $110 millones, la
miniserie sobre la segunda guerra mundial tardó más
tiempo en ser producida que lo que duró la guerra.
El rating de la primera emisión de War and Remenbrance
fue mucho más bajo que el que obtuvo Wind of the War
cinco años antes.
[2] Ver Theodor Lessing, Geschichte als Sinngebung
des Sinnlosen oder Die Geburt der Geschichte als Mythos,
1927, Munich, Martthes & Seitz, 1982.
[3] Sobre el valor del cine para los historiadores, ver Pierre Solin,
The Film in History: Restaging the Past, Oxford Blackwell,
1980; John E. O"Connor, Teaching History with
Films and Television, Washington D.C., American Historical
Association, 1987; Marc Ferro, Cinema and History,
Detroy, Wayne University Press, 1988; ver también
Keith Tribe, "History and the Production of Memories,"
en Screen 18, Invierno 1977-79; Mimi White et.al.,
"The Conjuncture of History and Cinema: How Historians
Do Things with Film," Iris 2, 1984. El
Jounal of Contemporary History dedicó dos ediciones
especiales (julio de 1983 y enero de 1984) a la interacción
entre Historia y películas.
[4] Botho Strauss, Diese Erinnerung an einen,
der nur einen Tag zu Gast war, Munich, Hanser, 1985,
p. 49.
[5] Ver Wilhelm Roth, Der Dokumentarfilm seit
1960, Munich, Bucher, 1982, p. 194: "¿Nos queda
alguna memoria que no haya sido modelada por las películas?
¿No está todo mediatizado? ¿Cómo están conectadas
nuestras propias memorias con las imágenes de las
películas?"
[6] Peter Jansen, "Das Kino in sienes zweiten Barock: Aspekte des
internationalen Films," Jahrbuch Film, 1979-80.
[7] Max Picard, Hitler in uns sebst, Erlenbach-Zurich,
Eugen Renstch Verlag, 1949, p. 46-47. Ver también
Alexander Kluge, "Die Macht der Bewusstseinsindustrie
und das Schicksal unserer Öffentlichkeit: Zum Unterschied
von machbar und gewalttätig," en Industrialisierung
des Bewusstseins: Eine Kritische Ausein-anderesetzung
mit den "neuen" Medien, Klaus von Bismarck
et. al. eds.; Eric Breitbart, "The Painted Mirror:
Historcal Re-creation from the Panorama to the Docudrama,"
en Susan Porter, Stephen Brier y Roy Rosenzweig eds.,
Presenting the Past: Essays on History and the Public,
Philadelphia, Temple University Press, 1986.
[8] Ver Günter Anders , Die Antiquiertheit des
Menschen, vol 1, "Über die Seele em Zeitalter
der Zweiten industriellen Revolution, », 1956,
Munich, Beck, 1987, en especial el capítulo "Die
Welt als Phantom und Matrize: Philosophische Betrachtungen
über Rundfunk und Fernsehen"; Marshall Mc"Luhan,
The Gutemberg Galaxy, 1962, New York, Signet, 1969;
Jean Baudrillard, Simulations, New York, Semiotext(e),
1983.
[9] Chris Marker, citado por Edgar Reitz en
"Das Unsichtbare und der Film," en Reitz,
Liebe zum Kino, p. 131. En su novela The Moviegoer,
1960, New Cork, The Moonday Press, 1967, Walter Percy
se refiere al fenómeno de los aficionados al cine
como "certificación": "En nuestros
días cuando una persona vive en algún lugar, en un
vecindario, el lugar no está certificado para él.
Muy probablemente el va a vivir en ese lugar de forma
triste y el vacío que se encuentra dentro de él se
extenderá hasta alcanzar a la totalidad del vecindario.
Pero si él ve una película en la que se muestre su
propio vecindario, es posible para él vivir, por un
tiempo al menos, como una persona que vive en Algún
Lugar, y no en Cualquier Lugar." (p. 63) De manera
similar, se ha registrado que un granjero de Hunsrück
había dicho en relación de la serie de televisión
Heimat de Reitz: "Yo he vivido en Hunsrück por
cincuenta años, yo nací aquí, es mi hogar. Pero sólo
pude ver cuán hermoso era después de mirar la serie
de televisión."
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